Es un hecho, el número tres me persigue, y me persigue desde que llegó a mi vida el número dos. Lo veo en la fila del súper, en la salita de espera del pediatra, en los asientos de atrás de los vehículos monovolúmen. En la salida del colegio, paseando por la calle, jugando en los parques, en las redes sociales...
Y desde entonces, doy la matraca mucho, me la doy a mí misma, dando vueltas a la cabeza como una lavadora en constante centrifugado y se la doy a cualquier madre de tres que se cruza en mi camino, haya mucha o poca confianza para hacerlo.
Vamos a por el tercero?











