Llevábamos tiempo con ganas de hacer una escapada, para cambiar de aire, respirar, (no digo descansar, porque con las edades que tienen aún los niños, es bastante complicado) pero si necesitábamos desconectar. Así que nos animamos a ir a Segovia, un destino cerquita de Guadalajara para acercarnos en coche, con unos alrededores increíbles para disfrutar de la naturaleza y una preciosa ciudad para recorrer sus calles, sin prisa.
El hotel en el que nos hospedamos fue todo un acierto y por eso me he decidido a explicaros cómo fue nuestra experiencia. Estuvimos en el Parador de Segovia que, después de mucho mirar, remirar y comparar, cumplió a la perfección mis expectativas. Los requisitos los tenía claros: amplitud, amplitud y amplitud. Últimamente me encuentro muy agobiada en pequeños hoteles bonitos, pero en los que apenas puedo revolverme con los niños, y no me refiero únicamente a los metros cuadrados de las habitaciones, sino en general. Por eso quería un alojamiento que tuviera espacios abiertos, pasillos anchos y amplias zonas comunes. Quería un hotel cómodo, no sólo para dormir, sino para disfrutarlo, porque con niños tan pequeños estar fuera todo el día me resulta inviable, al menos en mi caso.












